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viernes, 1 de junio de 2012

LA MASTABA EN BUSCA DE LA VIDA ETERNA

MASTABA EGIPCIA
 
Una de las más antiguas creencias de la religión egipcia es la de que tras la muerte el alma del difunto continúa teniendo necesidad del cuerpo, sin el cual no sería posible la vida eterna. De ello se deduce la necesidad de preservar el cadáver a toda costa, lo que explica la aparición en la cultura egipcia de sofisticados sistemas de embalsamamiento, existentes ya en la época predinástica. Obviamente, si de lo que se trata es de preservar el cuerpo del difunto para la eternidad, es necesario garantizarle un alojamiento apropiado. Y ésta es la concepción de la tumba que poseían los antiguos egipcios: el lugar donde tras la muerte el cuerpo y el alma lograban fundirse nuevamente para disfrutar los placeres de la vida eterna empleando para ello, entre otras cosas, las propias ofrendas depositadas en la tumba.
Aunque no existen datos fidedignos al respecto, se estima que esta creencia en la inmortalidad fue en un primer momento atributo exclusivo de los primeros faraones. Sin embargo, éstos debieron entender muy pronto que una vida eterna sería poco satisfactoria si en ella no contaban con otros miembros de la familia real y, al menos, con los funcionarios más distinguidos de la corte. De tal modo que debieron ser los primeros reyes del Imperio Antiguo, en la primera mitad del tercer milenio a. C., quienes comenzaron a conceder a tales funcionarios el privilegio de poseer su propia tumba en el conjunto de la necrópolis real; sepultura que además era financiada en su totalidad por el propio faraón.
Tal es el origen de las mastabas, esas sepulturas de forma troncopiramidal realizadas en piedra que encontramos a cientos en las más importantes necrópolis del Imperio Antiguo. La palabra en sí misma es de origen árabe y puede traducirse como banco o banqueta, lo que hace clara alusión a su forma. Se trata del primer tipo de tumba monumental del antiguo Egipto, del cual acabarían derivando con el tiempo la pirámide escalonada y, poco después, la pirámide perfecta. Antes de estas creaciones, los primeros faraones egipcios y sus familiares más próximos, así como otros personajes destacados de la corte (sacerdotes y altos funcionarios) acabaron sus días depositados en sus correspondientes mastabas.

Las mastabas más lujosas, tenían varias salas decoradas con profusión, y un serdab.

Esta construcción fue evolucionando hacia formas más complejas, y se agregaron salas, escaleras, trampas para saqueadores, etc. Las mastabas más grandes, sirvieron de sepultura apara los nobles y las clases dirigentes.

En la época saíta (período tardío), la mastaba perdió su forma original, convirtiéndose en simples construcciones de adobe, elevadas sobre el suelo, prescindiendo de la cámara subterránea. Tmbién podían contener un panteón familiar. Se colocaba una tumba sobre otra, con la incorporación de una escalera exterior, para acceder a las más altas.

Hay miles de mastabas en Egipto, algunas con capillas interiores decoradas, en las cuales puede recuperarse información sobre la vida cotidiana.
Se cree que las pirámides son la evolución de las mastabas.

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