De todos los antiguos documentos provenientes del Antiguo Egipto, el Libro de las puertas es uno de los más fascinantes. Se trata de un texto sagrado, la principal guía del más allá, que narra la odisea del espíritu del difunto en la Duat, el inframundo egipcio.
El Libro de las puertas pertenece a Imperio Nuevo, que se desarrolló entre los años 1550 y 1070 a.C. En el texto se dice que el espíritu debe traspasar diferentes puertas a lo largo de su viaje al más allá junto con el dios sol para poder alcanzar la anhelada resurrección.
Cada una de las puertas está custodiada por una divinidad femenina distinta, que debe ser reconocida por el difunto. Este viaje está íntimamente ligado a la trayectoria del Sol durante la noche. Transcurre durante las doce horas nocturnas, con una puerta para cada hora, por lo que se las conoce como “las Doce Puertas”.
Según el texto, hay quienes lograrán pasar las puertas sin inconvenientes, mientras que otros serán presos de un lago de fuego, un elemento común en los inframundo de muchas mitologías.
Las divinidades de cada puerta se diferencias entre sí por el color de sus vestidos, pero todas mantienen una misma iconografía, representándolas coronadas con estrellas. Si bien cada una tiene un título diferente, no se las ha podido identificar con ninguna diosa de la mitología, por lo que existe la teoría de que se trata de figuras alegóricas. Éstas representarían el ciclo nocturno, simbolizando la principal estrella que se hace visible a cada hora de la noche.
Uno de las partes más curiosas e interesantes del Libro de las puertas es quizás la que hace referencia a las diferentes etnias que los egipcios conocían, a saber, cuatro razas que ellos diferenciaban: egipcios, asiáticos, libios y nubios, y que aparecen ilustrados en una procesión entrando en la Duat, como se puede ver en la tumba del faraón Seti I. Cabe mencionar que al igual que los demás libros que tratan acerca del otro mundo, el Libro de las puertas derivan en de las imágenes y textos que se grabaron en las cámaras funerarias de diversas tumbas de trabajadores especializados, nobles y faraones.
En este papiro
vemos (a la izquierda) a un hombre de nombre Hunefer que acaba de morir
y es conducido de la mano por Anubis, el dios con cabeza de Chacal, a la
sala de los Juicios. Anubis comprueba la balanza en la que se compara el
peso del corazón de Hunefer (señalado por un recipiente) con el de una
pluma, símolo de Maat, que simboliza la verdad, el orden establecico.
Ammit -monstruo con cabeza de cocodrilo, patas delanteras de león y
traseras de hipopótamo- aguarda para engullir el corazón si resulta
culpable. Los egipcios se protegían contra este resultado colocando en
sus tumbas una Confesión Negativa, una lista de pecados que no habían
cometido. A la derecha, Thot, con cabeza de ibis, dios de la escritura y
del conocimiento, anota el resultado. Más a la derecha, Horus (con
cabeza de gavilán) conduce a Hunefer ante Osiris; Isis y Nefetis están
detrás del trono. A un lado aparecen los cuatro hijos de Horus, Imsety,
Hapy, Qebehsenuf y Duamutef saliendo de una flor de loto. Ellos son los
encargados de guardar las vísceras del difunto en los cuatro vasos
canopos. En la parte superior aparece Hunefer adorando a una hilera de
dioses que supervisan el juicio liderados por Ra-Harajtis, testigo del
juicio de Osiris.