Hace 100 años que se descubrió el busto de Nefertiti
El busto policromado de Nefertiti, máxima expresión de la belleza de una soberana, la Gran Esposa Real de Akhenatón, cuyo nombre significa «la bella ha venido», fue descubierto por una misión arqueológica alemana el 6 de diciembre de 1912, hace exactamente 100 años, en el taller del escultor Tutmés, en Tell el-Amarna, el yacimiento de la antigua capital de Akhenatón.
La vida de esta hermosa reina egipcia, que vivió en la etapa más convulsa del país del Nilo, está rodeada de enigmas. Desde el año 12 del reinado de Akhenatón se pierde el rastro de su Gran Esposa Real. Quizá falleció de muerte natural o se retiró tras separarse del faraón. Puede, incluso, que cambiase de identidad y pasara a gobernar el país bajo el nombre masculino de Smenkhare. Así, fue Ankheperura Smenkhare quien, tras la muerte del soberano en el decimoséptimo año de su reinado, quedó como único gobernante de Egipto.
Desde 1898, el egiptólogo alemán Ludwig Borchardt (1863-1938) había trabajado como agregado científico en el consulado general de El Cairo. En 1901 convenció al coleccionista, filántropo y mecenas berlinés James Simon (1851-1923) sobre la necesidad de contar con arqueólogos alemanes en Egipto. Éste costeó personalmente las excavaciones en Tell el-Amarna, la ciudad que erigió Akhenatón a 300 kilómetros al sur de El Cairo.
PRIMERA FOTO TOMADA EN 1912
Así, durante las excavaciones realizadas por la Deutsche Orient-Gesellschaft y dirigidas por Ludwig Borchardt, se localizó el taller del escultor real Tutmés, quien ocupaba un rango elevado en la corte de Akhenatón y Nefertiti: una inscripción grabada en unas anteojeras de marfil para caballo lo presentaba como «Favorito del rey y Maestro de Obras, el escultor Djehutymose». En el taller aparecieron los moldes, modelos y estudios que el artista había guardado para realizar sus esculturas, y que quedaron allí cuando la ciudad fue abandonada en tiempos de Tutankhamón. La obra más famosa encontrada en este lugar es el busto de Nefertiti, que actualmente se encuentra en el Neues Museum de Berlín y que ha sido objeto de reclamaciones por parte del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, que demanda el regreso de las antigüedades que supuestamente han salido del país de forma ilegal.
De todos los antiguos documentos provenientes del Antiguo Egipto, el Libro de las puertas es uno de los más fascinantes. Se trata de un texto sagrado, la principal guía del más allá, que narra la odisea del espíritu del difunto en la Duat, el inframundo egipcio.
El Libro de las puertas pertenece a Imperio Nuevo, que se desarrolló entre los años 1550 y 1070 a.C. En el texto se dice que el espíritu debe traspasar diferentes puertas a lo largo de su viaje al más allá junto con el dios sol para poder alcanzar la anhelada resurrección.
Cada una de las puertas está custodiada por una divinidad femenina distinta, que debe ser reconocida por el difunto. Este viaje está íntimamente ligado a la trayectoria del Sol durante la noche. Transcurre durante las doce horas nocturnas, con una puerta para cada hora, por lo que se las conoce como “las Doce Puertas”.
Según el texto, hay quienes lograrán pasar las puertas sin inconvenientes, mientras que otros serán presos de un lago de fuego, un elemento común en los inframundo de muchas mitologías.
Las divinidades de cada puerta se diferencias entre sí por el color de sus vestidos, pero todas mantienen una misma iconografía, representándolas coronadas con estrellas. Si bien cada una tiene un título diferente, no se las ha podido identificar con ninguna diosa de la mitología, por lo que existe la teoría de que se trata de figuras alegóricas. Éstas representarían el ciclo nocturno, simbolizando la principal estrella que se hace visible a cada hora de la noche.
Uno de las partes más curiosas e interesantes del Libro de las puertas es quizás la que hace referencia a las diferentes etnias que los egipcios conocían, a saber, cuatro razas que ellos diferenciaban: egipcios, asiáticos, libios y nubios, y que aparecen ilustrados en una procesión entrando en la Duat, como se puede ver en la tumba del faraón Seti I. Cabe mencionar que al igual que los demás libros que tratan acerca del otro mundo, el Libro de las puertas derivan en de las imágenes y textos que se grabaron en las cámaras funerarias de diversas tumbas de trabajadores especializados, nobles y faraones.
En este papiro
vemos (a la izquierda) a un hombre de nombre Hunefer que acaba de morir
y es conducido de la mano por Anubis, el dios con cabeza de Chacal, a la
sala de los Juicios. Anubis comprueba la balanza en la que se compara el
peso del corazón de Hunefer (señalado por un recipiente) con el de una
pluma, símolo de Maat, que simboliza la verdad, el orden establecico.
Ammit -monstruo con cabeza de cocodrilo, patas delanteras de león y
traseras de hipopótamo- aguarda para engullir el corazón si resulta
culpable. Los egipcios se protegían contra este resultado colocando en
sus tumbas una Confesión Negativa, una lista de pecados que no habían
cometido. A la derecha, Thot, con cabeza de ibis, dios de la escritura y
del conocimiento, anota el resultado. Más a la derecha, Horus (con
cabeza de gavilán) conduce a Hunefer ante Osiris; Isis y Nefetis están
detrás del trono. A un lado aparecen los cuatro hijos de Horus, Imsety,
Hapy, Qebehsenuf y Duamutef saliendo de una flor de loto. Ellos son los
encargados de guardar las vísceras del difunto en los cuatro vasos
canopos. En la parte superior aparece Hunefer adorando a una hilera de
dioses que supervisan el juicio liderados por Ra-Harajtis, testigo del
juicio de Osiris.
Los speos son los edificios funerarios que combinan las tipologías del
templo y del hipogeo, habitualmente con fachada esculpida e interior excavado
en la roca. Cuando una parte importante del templo sobresales de la roca se
denomina hemispeos.
Ramsés II (XIX Dinastía) mandó excavar en Abu Simbel, “la montaña pura”, dos
magníficos speos, templos rupestres con estructura interior articulada entorno
a un eje lineal. Dedicó su culto a los tres grandes dioses Ra, Amón y Ptah, y
junto a ellos el propio Ramsés como el cuarto gran dios. El Templo mayor está
dedicado a Ra, Ptah, Amón y Ramsés. Su fachada en forma de pilono con paredes
en talud mide 33 metros
de alto por 38 de ancho y está custodiada por cuatro estatuas sedentes que
miran al este, esculpidas directamente en la roca y policromadas en su día.
Representan al faraón sonriente, tocado con el nemes y la doble corona. Las
estatuas menores ubicadas a los pies representan a los miembros de la familia
del faraón.
El interior corresponde a la tipología tradicional de vestíbulo,
cámaras para ofrendas, almacenes…. Las sucesivas distancias van disminuyendo en
altura y tamaño a medida que se acercan al santuario, simbolizando el camino
recorrido por el faraón hacia las tinieblas de la ultratumba. La primera de
salas contiene ocho pilares-estatua con la figura del faraón divinizado como
Osiris. Los relieves de las paredes representan las victorias en Libia, Siria y
Nubia. VIAJA CON NOSOTROS A TRAVES DE FOTOS AL TEMPLO ANTIGUO DE ABUL SIMBEL MAS DE 200 FOTOSAncient Egypt, Templos de Abu Simbel